25 febrero 2007

Conociendo la libertad

No debemos creer a los muchos que dicen que sólo se ha de educar al pueblo libre, sino más bien a los filósofos que dicen que sólo los cultos son libres.
Epicteto, filósofo romano y antiguo esclavo.
Discursos

Así pues, somos potencialmente libres desde que tenemos consciencia. Aún los niños más pequeños toman decisiones acerca de sus voluntades: se niegan a tomar esos potitos de verdura, y juegan en la cuna con el osito de peluche y no con el dinosaurio de plástico. Esto no es exclusivo del ser humano; varios animales toman este tipo de decisiones a menudo. Dentro de un mismo clan, algunos chimpancés prefieren las termitas y otros tienen tendencias vegetarianas. Concretamente mi perra prefiere una única loncha de jamón a kilos de comida para perros; otros elegirían la cantidad por encima del buen yantar.

Cuando el niño crece, sigue tomando decisiones: de mayor quiere ser médico. No, no quiere serlo: lo será. Está convencido de ello. A medida que va aprendiendo, sus preferencias van cambiando; desde que tía Ágata y el tío Fernán le regalaron el cachorro, el niño dice que quiere ser veterinario. Más adelante el niño cambia a biología, y entra en la facultad con la intención de paleobiología. Ya en la carrera, descubre que algunas asignaturas son un coñazo, que no es tan interesante como pensaba, y se inclina por genética. Acabada la especialización, y a pesar de que tenía intenciones académicas, acaba en GenTech investigando cereales que crecen en medios hostiles; gracias a eso conoció a un gerente de la Agencia Espacial Europea, que le ofreció hacer de vez en cuando proyectos de cultivos hidropónicos para posibles asentamientos en la Luna y Marte. Aceptó. Encuentra su doble trabajo apasionante, y comparte con su mujer, una botánica divorciada que de niña quería ser historiadora (y bailarina, y enfermera, todo a la vez), un despacho, una vida, y tres hijos de cuatro, seis y ocho años; los dos menores dicen que seguirán (no, están convencidos de ello) el trabajo de sus mayores, y el mayor entrará en el ejército y salvará al mundo media docena de veces.

A medida que vamos creciendo, que vamos aprendiendo, podemos hacer juicios más afinados, y reorganizamos los criterios. De esta manera, podemos enlazar mucho mejor las opciones que se nos presentan con los objetivos que queremos conseguir. Pero no sólo eso. A medida que crecemos y entendemos más del mundo que nos rodea, vemos nuevas opciones. El niño desconocía la existencia de los genes cuando quería ser médico, y jamás habría pensado que el trigo pudiese crecer regado por el río Cuervo (y posiblemente no supiese que el agua del río Cuervo es venenosa por la cantidad de hierro que tiene... etcétera). El niño no podría haber elegido ser genetista desde un principio: sólo cuando creció y supo que eso existía, y comprendió a cierto nivel como funcionaba, pudo decidirse por esa rama del conocimiento.

Así que, Falas, esta es la segunda mitad de la respuesta: nacemos libres, y sabemos hasta cierto grado que podemos elegir. Pero sólo podemos elegir de entre aquellas opciones que conocemos, así que tenemos que aprender para conocer nuevas opciones. Aprendemos a ser libres en la misma medida en que aprendemos para serlo; cuanto más sabemos de una cosa no sólo conectamos opciones y objetivos mucho mejor, ni vemos más opciones y objetivos, sino que además sabemos que existen más opciones y objetivos a pesar de que escapen a nuestro ámbito, gracias a la experiencia ajena.

Así, la teoría nos dicta que nuestra libertad debería crecer de manera exponencial: cuanto más sabemos, más tenemos entre lo que elegir, y de manera más eficaz podremos elegir entre lo que tenemos y lo que queremos. Pero esto no siempre es así.

Por un lado, algunos objetivos, como se dijo, son exclusivos entre sí, y hemos de renunciar a unos para poder alcanzar otros. La niña eligió en algún momento dejar de ser historiadora (y bailarina, y enfermera) para dedicarse a la botánica: no podía hacerlo todo a la vez.

Por otro lado, a menudo decidimos perder opciones. Somos terriblemente sugestionables, y es en parte lógico. El niño que no aceptaba las recomendaciones de sus padres de no salir de la cueva por la noche tenía más probabilidades de morir que el que se quedaba a resguardo junto al fuego del hogar. El destino más probable para el disidente era la muerte, si no vencía en su oposición al rey que los dioses habían puesto en su sitio. Así que aceptamos opiniones y creencias ajenas con gran facilidad, especialmente durante la infancia cuando no tenemos ninguna vivencia que nos diga lo contrario. Con el tiempo, un buen número de estas opiniones y creencias se convierte en costumbre, en dogmas aceptados y asentados dentro de nuestra red de juicios y criterios. A veces estos dogmas no afectan a nuestras decisiones (igual que no importa el credo que se profese para elegir la mejor novela de Agatha Christie, o las tendencias políticas a la hora de elegir entre desayunar huevos batidos o zumo con tostadas), pero si están suficientemente aferrados pueden impedirnos tomar ciertas opciones. Esto es claro en el caso del fundamentalismo religioso, donde ningún credo es viable a excepción de la propia versión de religión; jamás habrá un astronauta miembro activo de la FES.

Esta capacidad de sugestión no nos libera de la responsabilidad sobre nuestros dogmas: nosotros mismos podemos ponernos cadenas. Enrico Fermi y otros científicos del Proyecto Manhattan decidieron no saber nada del proyecto de Teller bajo el gobierno Truman: la bomba de fusión. Sabiendo su potencial, y a pesar de haber tomado parte en el origen de la idea, acabó firmando un documento en contra de su desarrollo. Preferimos no contemplar ciertas opciones para así no correr riesgos; y no siempre es de manera consciente. La Santa Inquisición se negó a mirar por el telescopio de Galilei; así su Fé no correría riesgos. Eligió no saber nada para así no tener nuevas opciones entre las que elegir.

Además, las circunstancias nos pueden poner en situaciones que nos obliguen a no tomar en cuenta ciertas opciones. El miedo a los infiernos, más que la horca, impedían a los ciudadanos del medievo a sublevarse contra su señor. La MAD impedía un enfrentamiento directo entre Rusia y EEUU. Da igual que los riesgos que pretendemos evitar sean reales o ficticios (ni el darwinismo ni el heliocentrismo han destruído la Fé Católica, ni nos han conducido al Juicio Final, por ejemplo... pero eso se creyó en su momento), lo importante es que así lo crea el sujeto.

Por eso mismo, es posible coartar la libertad de alguien impidiéndole (o impidiéndose a uno mismo) conocer alguna opción, o haciendo que esa opción sea menos aceptable que otra. Un padre puede esconder un libro que no desee que sus hijos lean (o se deshará de él, para que así no tengan opción), y les dejará sin postre si no hacen sus deberes (o más efectivamente podrán repetir si los hacen; y a esto se le llama coacción).

Por eso mismo, aunque somos potencialmente libres, no somos más libres de lo que nos permite nuestro conocimiento de las cosas; el conocimiento es una condición necesaria para ser libre. Pero no es condición suficiente: muchas cosas escapan de nuestro alcance. Además, muchos conocimientos nos impiden tomar decisiones, o incluso restringen nuestro campo de acción. Así pues, nuestro grado de libertad depende no sólo de la cantidad de saber que tengamos, sino del tipo del mismo. Pero eso debe ser tratado en otro sitio, pues ya he escrito bastante en este tostón.

Un saludo,

J

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19 febrero 2007

Libre Albedrío

Hace algún tiempo escribimos sobre la libertad y sus consideraciones, y se nos planteó una cuestión: ¿Somos libres por nacimiento, o se nos enseña a ser libres?[1]. Yo añadiría ¿O aprendemos a serlo? ¿Es la libertad un rasgo intrínseco o adquirido?. Entran en juego multitud de factores, tanto externos (las circunstancias de cada individuo) como internos (el condicionamiento natural y social que asienta las bases de cada personalidad). Por eso tal vez sea conveniente ver primero qué es la libertad, si es que existe.

La primera disyuntiva es obvia: o no somos libres (siendo el libre albedrío tan solo una máscara de nuestro condicionamiento), o tenemos un cierto grado de libertad en algunos aspectos (evidentemente no en todos: no podemos elegir por ejemplo el equipo ganador de la liga de la Champions del próximo año... ni el número afortunado de la lotería del jueves pasado. Sería un chollo entonces, y una ruina para el Estado :D). Así que, como si de una enfermedad se tratase, introduzcamos supositorios

Supongamos que no somos libres, que no hay ningún tipo de libre albedrío, bien porque el destino está escrito (a pesar de lo que diga la incertidumbre cuántica) o bien porque respondemos de manera predecible por nuestros condicionamientos al mismo tipo de estímulos. Desde este tan calvinista punto de vista (ista, ista), desaparece la necesidad de una moral: ninguna regla puede decirnos cómo comportarnos, pues no tenemos la responsabilidad de nuestros actos, sin poder sobre ellos; por tanto, una norma de comportamiento no serviría de mucho. Claro está, se puede dar una vuelta de rosca más: la moral es uno de los condicionamientos que nos "programan" en una dirección, un factor más.
Sin embargo, no tenemos ninguna sensación de falta de libertad, ni es posible comprobar que para todo sujeto existe un destino. Por tanto y a efectos prácticos (o subjetivos) las consecuencias de una acción son idénticas en un sistema determinista al de uno que tiene libre albedrío. No es tan importante si somos o no libres, sino si creemos serlo. La verdadera naturaleza del albedrío permanece, al menos por ahora, en incógnita, por lo que es mejor jugar sobre seguro. Total, si no somos libres, tampoco íbamos a poder hacer gran cosa... en contra de eso.

Así, supongamos, y actuemos bajo esta suposición, que somos libres. Bajo esta premisa, veamos cuando aparecería, si sería adquirida, y bajo qué circunstancias podemos elegir.

Para que exista una elección, deben existir un cierto número de opciones posibles, igual o mayor que dos. Paradójicamente, si hay opciones debemos elegir, de modo que de alguna manera la libertad nos obliga a elegir, pero somos libres de elegir... no elegir. Además, elegimos una opción con algún fin, que relacionamos mediante criterios y juicios.

No sólo basta con que existn estas opciones: debemos saber de ellas, idearlas. No se puede elegir el menú del día si no se sabe si lo hay. O si ni siquiera sabemos si estamos en un restaurante. Por tanto, por este punto, un ser humano puede ser libre desde el momento en que conoce alguna disyuntiva en su camino.

Pero también hemos de ver qué objetivos esperamos conseguir al elegir entre esas opciones. Si hemos ido a un restaurante y estamos eligiendo nuestro plato, entonces probablemente nuestro objetivo sea la alimentación. O tal vez sea una comida de negocios, y nuestro objetivo sea discutir con un suministrador las ofertas que nos ofrece. O tal vez sea una cita y nos muevan motivos libidinosos, o quizás estemos reunidos con un viejo amigo y lo que queramos sea mantener una charla interesante. El objetivo es suficiente y necesario en una elección. Suficiente, porque el hecho de que haya un objetivo ya nos obliga a elegir entre seguir ese objetivo o abandonarlo. Necesario, porque si no hay objetivos no hay disyuntivas :D . Por supuesto, podemos tener varios objetivos a la vez: tal vez sea una vieja amiga, con la que queramos tener una charla interesante, y algo más si surge, y si no pues entonces al menos nos habremos alimentado bien, que nuestro presupuesto es de estudiante (otro objetivo, gastar poco), y somos tan poco caballerosos que pagará ella. A veces los objetivos, para complicar la cosa (¡qué fácil sería poder quedarse con todo!) son mutuamente exclusivos: no es posible mantener una charla interesante con un comercial, por muy viejo amigo que sea, ni es especialmente excitante discutir ofertas empresariales. Al menos a mi parecer; que en esto, para gustos...

Por tanto hemos de escalar los objetivos, dar preferencia a unos u otros. Probablemente querramos, ante todo, conservar la amistad con aquella vieja amiga, y la charla interesante tenga más precedencia que los intereses de cama. "Conservar la amistad" es por tanto un objetivo superior. O tal vez no nos importe perder la oferta de esa comercial si conseguimos pasar una noche memorable en la suite de su hotel; en ese caso, el placer personal es un objetivo que pondremos por encima de la mera relación laboral. Jerarquizando los objetivos, obtenemos una estructura ligada por los juicios y criterios.

Los criterios son las pequeñas relaciones de ideas que nos hacen preferir unos objetivos a otros, ya sean valores morales propios (como "es impropio acostarse con una compañera de trabajo, y más fuera del matrimonio", o "yo no soy celoso, y su marido seguro que tampoco") como experiencias pasadas propias o ajenas ("hice mal al acostarme con fulanita, ya no es la amistad de antes", o "no es del todo mi tipo"). Los criterios vienen de la experiencia personal y ajena, que tenemos de manera prácticamente innata, así como de las opiniones, que estemos capacitados o no para opinar, las tenemos casi siempre.

Y por último, es necesario enlazar los objetivos "prioritarios" con las opciones "reales", establecer una relación causa-efecto que nos lleve desde esa opción hasta esos objetivos: los juicios. Así sabemos que para mantener la charla interesante hemos de prestar atención, para prestar atención hemos de buscar temas comunes... La inducción de las relaciones de causalidad es pura experiencia, de modo que en este caso tampoco hay un momento inicial. Simplemente, con el tiempo nuestros juicios se irán afinando, enlazaremos mejor y más eficientemente nuestras opciones con los objetivos, y seremos más capaces de decidir en las circunstancias sobre las cuales tenemos experiencia. O no. Pero sobre la responsabilidad o la incompetencia no hablaremos aquí.

Así, si podemos elegir podemos hacerlo en cualquier momento, sólo con que se nos ocurra un objetivo. Las herramientas necesarias para elegir, los criterios y los juicios, los tenemos por el mero hecho de estar comunicados con el entorno; la experiencia además también nos proporciona la capacidad de ver objetivos que en otro momento no habríamos visto. Eso no implica, claro está, que cumplamos nuestros objetivos con las opciones seleccionadas, que elijamos "correctamente".

Pero, ¿es posible no ser libre, aún habiendo libertad? ¿Es posible que debamos aprender que podemos elegir? La respuesta también viene de lo anterior: somos tanto más libres cuanto más sabemos del mundo, tanto más libres cuanto mayor es la experiencia (que no se mide en años, por cierto, sino en intensidad). Pero no obstante, podemos imponernos nuestras propias cadenas. Pero eso debe ser tratado en otro escrito.

J

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19 noviembre 2006

El Gran Concurso de Maithil

En el país de Maiþil, allá donde los ríos se vierten al mar, era costumbre que cada año, por las fiestas de la Villa, al comienzo del otoño, se organizase el Gran Concurso Gastronómico de Ciudad de Maiþil. La leyenda cantaba que aquel día, siglos atrás en el Tiempo hasta los días de la Obscuridad, murió el orondo rey de aquellas tierras aquejado de una extraña enfermedad, en un campamento militar no muy lejos de la actual urbe. Dejó como postrimera voluntad, puesto que no tenía descendencia, y su mujer era ligeramente sospechosa por tener bajo su control la empresa VERSA, que el reino fuese de aquel que pudiese cocinar para más personas en un día.
Los soldados trocaron sus espadas por cucharas y los cascos por perolas, e hicieron ostentosos bocados dignos de un emperador. No obstante, ganó el concurso una joven, hija de un cabo segundo y única mujer en una casa de 15 hermanos, cuyas gachas dieron de comer durante un mes, no solo a la soldadesca, sino a todos los mendigos, vagabundos y gorrones que acudieron al poblado. Finalmente, se dice que tiraron las sobras al mar, por estar duras, y el Señor de las Aguas comió hasta saciarse, y con los restos formó el enorme peñón que se alzaba sobre las olas al que daban el nombre de Isla Abundancia. Con los allí congregados, soldados y pedigüeños, nació Maiþil, y la mujer fue proclamada Reina por traer el pan al país. De ella se dice que también inventó los panchitos y las pipas peladas, pero no hay evidencias de esto.

Lo cierto es que aquellos días quedaban lejos, y pocos sabían que la ciudad se había constituído en matriarcado durante casi cinco siglos. Pero la Tradición se había conservado, aún durante la Gran Guerra, congregando cada año a los más insignes cocineros de la región. Pues el premio era pingüe: un puesto vitalicio en la Asamblea que regía la ciudad, para el cocinero que hiciese la mayor esquisitez.
El concurso se celebraba de la siguiente manera. Cada cocinero entregaba su propuesta a la Asamblea: una lista con los ingredientes necesarios, y sólo los ingredientes, junto con el nombre del plato, y el vino o licor que había de acompañarlo. Se valoraban de ello muchas cosas, desde la aparente exquisitez hasta el valor nutritivo de cada ingrediente, pero lo más importante era la originalidad. Aquel que obtenía mayor apoyo era presentado al pueblo. Todo Maiþiliano de más de tres años podía votar si aceptaban o no al candidato, y este derecho era tan importante que ningún juez, sino la Muerte, podía anularlo. Finalmente el candidato elegido había de demostrar que podía alimentar a todo el pueblo con ese plato durante un día. Se le regalarían todos los ingredientes y se pondrían todos los medios necesarios a su disposición, desde maquinaria pesada hasta explosivos, para poder cocinar el plato, sin reparar en gastos: era un pueblo rico, y cobraba caro el alojamiento a turistas y cocineros, así como la cohorte de pinches e ingenieros que cada uno de estos últimos llevaba consigo. Finalmente, todos los maiþilianos estaban obligados a comer al menos una ración del plato escogido como ganador, y dar la bienvenida al nuevo miembro de la Asamblea.

Existían en la Asamblea dos facciones importantes: los Saladistas, que optaban por la carne o verdura, con vinos ligeros, y los Dulzainistas, que se decantaban más por las tartas de merengue y azúcar, seguidas de fuertes licores. Al margen de estas dos, había quien se presentaba con otras propuestas más atrevidas e innovadoras, como café helado con chocolate puro, mondas de cítricos fritas, o incluso flameado de pimientos del padrón con salsa de chile. Estos independientes solían llamarse Amarguistas, pero Saladistas y Dulzainistas los llamaban, en privado, "Amargaos".
Era una pequeña minoría de Amargaos Amarguistas componía la Asamblea, pero solía ser decisiva. El resto se repartía entre las diversas facciones Dulzainistas, que recogían desde los fresisuissianos hasta los kramlic, grandes defensores del caramelo acaramelizado, y el monolítico Grupo Salado, a partes iguales. De modo que así se conservaba un delicado equilibrio en el gobierno de la Región, y la prosperidad no abandonaba los hogares.


Tal vez el lector se sorprenda. Conocido (y generalmente bien fundamentado) es el dicho de que si un turista no murió de inanición o intoxicación alimenticia en Maiþil es porque llevó su propia comida de casa; la fama de la mala cocina de Maiþil era conocida en tierras en las que el nombre de los Hijos de Númenor no ha llegado ni por equivocación. De modo que es posible que el lector se pregunte: ¿cómo se llegó a esta situación? Y si no se lo pregunta, mejor que empiece a preguntárselo, porque se lo voy a contar de todos modos.

Ocurrió hace tanto tiempo que los más ancianos maiþilianos eran niños de teta, y no lo recuerdan. Sus padres jamás se lo contaron, ya que hundió a la ciudad en el oprobio público y el escarnio privado, y el asunto fue silenciado por las autoridades algunos años después. Ocurrió que hasta entonces se había conservado el equilibrio, ya que eran los Amargaos Amarguistas quienes en última instancia marcaban la diferencia sobre la escasa diferencia entre Dulzainistas y Saladistas. Pero el invierno había sido duro, y aún más lo fue el verano, y se había cobrado muchas víctimas de las filas Dulzainistas. Sin embargo, los Saladistas, con sus legumbres y asados en invierno, y sus embutidos, ensaladas y gazpachos en verano, habían sobrevivido a la epidemia de diabetes crónica que mermó las filas de buena parte de la Asamblea.

Así pues, si aquel año ganaba el Concurso un Saladista, éstos obtendrían automáticamente la mayoría absoluta, y ni Dulzainista ni Amargao Amarguista conseguiría puesto alguno más en la Asamblea. Sería cuestión de tiempo para que la repostería desapareciese de Maiþil.

La tensión se dejaba sentir. Había cuatro propuestas favoritas: el Saladista Vichissuise de bistec y mahonesa, el Dulzainista Galletas de Leche Garrapiñada, el centro-Dulzainista Milhojas de Gambas, y el Amarguista Ajoaceite de Alioli con Limón. La tensión se sentía en el ambiente. Pancartas de chocolate colgaban de algunas ventanas hasta que las lluvias las deshicieron, mientras que de algunos balcones llovían puñados de sal constantemente. Un partidario amarguista fue detenido por llenar contenedores con salsa de arándanos; probablemente fue el único en Maiþil que no perdió la cabeza. Así que el resto se lo dejo a su imaginación.

Al anunciarse la decisión de la Asamblea, se produjeron los mayores disturbios. Cierto fanático intentó flamear la sede del Grupo Saladista; viendo que la sal no prendía fácilmente, decidió disolverla con agua caliente. Otro fanático escribió con ketchup picante "Vendidos" sobre el cartel que anunciaba la venta de la sede del Sindicato Amarguista anti-Obrero. Se convocó incluso una manifestación, bajo el lema "abajo el marisco, arriba el croissant", y "losh borrashosh disen ke son biskoshos" (nunca se demostró por cierto la viscosidad etílica, por desgracia, que habría sido un gran avance en medicina), que las fuerzas del orden y los constructores de alacenas disolvieron con bicarbonato; rebajado, eso sí, con sosa cáustica.
Había ganado el Saladista.

Pero los Dulzainistas no se quedaron ahí. Apelando a un antiguo derecho, concedido al parecer en tiempos de un rey que nadie más pudo encontrar en los registros históricos, echaron cuentas y firmaron acuerdos. Así, si bien el ganador casi había doblado en votos al segundo candidato, los Dulzainistas mezclaron las recetas de los otros tres favoritos, sumaron sus puntos y anunciaron otro ganador. De nada sirvieron las quejas de los Saladistas, sobre que sólo podía presentarse un plato, ni que el plato resultante era nuevo y debía someterse a una nueva votación. Los Dulzainistas impusieron su criterio por la fuerza en base a un estudio de dudosa credibilidad.

Con la unificada lista de ingredientes se hizo el plato que todo Miþiliano debía comer en semanas posteriores.


Algo debió ir mal. Tal vez fueron el milhojas de Alioli y las galletas de Ajoaceite que hacían de base al pastel, o el alioli a la leche que bañaba la estructura, o las gambas garrapiñadas con limón que adornaban el conjunto. O tal vez todo ello, a la vez. Pero la gastroenteritis se adueñó de la ciudad, los dolores de estómago obligaron a doblarse a todos los ciudadanos por la mitad, y los sanatorios no daban a basto. Todo el bicarbonato existente se había usado para detener las manifestaciones, de modo que no había un remedio casero; Isla Abundancia creció de manera súbita, y fue entonces cuando empezaron a referirse a ella como Isla Copr...

Los tres años siguientes fueron ganados por Independientes, con las humildes propuestas de manzana asada al pimentón, pavo asado (la innovación era que el pavo debía morir por un atracón de guindillas), y finalmente limón a la naranja con pato. Pero el miedo a que los hechos se repitiesen hizo disminuir notablemente la población de la ciudad, y el turismo simplemente desapareció. Donde no hay turismo no hay negocio, y los grandes cocineros de la zona simplemente emigraron buscando lejanos paladares más agradecidos y con carteras más amplias. La Asamblea se redujo con la emigración. Poco tiempo después, los campesinos se habían adueñado del poder, ya que los campos, antes estériles, se revelaron increíblemente fértiles desde aquel año. Tras el golpe de Estado y la Batalla de las Papayas, el régimen de gobierno cambió: la Asamblea fue depuesta por una oligarquía agrícola dedicada al cultivo de dioneas, cuya población había crecido esos años por el incremento de insectos, y que actualmente constituyen la principal exportación de Maiþil.

Así pues, esta es la historia de esa insigne ciudad, durante tanto tiempo culinaria, y hoy...

Pero mejor no hago el chiste fácil :D

Baranduin

25 septiembre 2006

Malos Dioses

Resulta curioso. Reflexionando sobre las "adaptaciones" y "préstamos" que hacen actualmente las series infantiles de los temas mitológicos, me he dado cuenta de una constante, una leyenda subyacente que podemos encontrar en novelas, relatos, poesía clásica, animación, cine de terror y películas de serie D. Por desgracia, esta constante no es sino una lente que deforma nuestra herencia cultural, adaptándola a nuestra visión actual de lo que nos gustaría que hubiese sido.

Tomemos por ejemplo la mitología vikinga. Suele haber un dios, Loki, que es malo, y quiere destruir el mundo. Siempre hay alguien que pacta con él para que traiga a sus amigos los gigantes y destruya el mundo conocido, adelantando el Ragnarök (o eso dicen; en realidad, la imagen que suelen dar es justo la de la creación del mundo, la lucha del fuego y el hielo, que es también la fase última del Fin del Mundo... porque el fin es el principio, cosa que olvidan los adaptadores), soltando a Fenrir el Lobo y a la Serpiente del Mundo, Jörmungander, que por alguna curiosa razón flota en el aire como si de un pokemon se tratase. Por supuesto, siempre hay un ser humano que se da cuenta de eso, invoca a Odín, Thor y Balder (pero... ¿Balder no estaba muerto para el Ragnarök?), bajan las valkirias del Valhalla, despojan de poder a Loki, y se montan una fiesta con las Manzanas de Iðunn, mientras una lasciva Sif atiende a su amado Thor, que son su martillo volador ha solucionado todos los problemas matando (n+1) gigantes.

Otro terrible ejemplo es la mitología grecorromana. Hades, señor de las esferas inferiores, es un tipo malo maloso que ha raptado a Perséfone (o Plutón a Proserpina) y la retiene contra su voluntad, y desea quitarle el gobierno del mundo a Zéus/Júpiter, por medio de titanes, gigantes y monstruos terroríficos como las gorgonas, esfinges, hydras y quimeras. En otras versiones, Perséfone es aliada de Hades, y es ella la madre del cordero, digo, de las horrendas bestias que surgen para matar al protagonista, generalmente algún semidios o príncipe (o princesa) entrenado en las artes de la guerra, o descendiente de ellos, que debe matar cíclopes, geriontes varios, minotauros y otros híbridos, o incluso Scilla y Caribdis, siempre ayudados por las simpáticas sirenas, ya que las que quieren matar a los navegantes no son estas, sino las harpías (que también, vaya). Un ejemplo claro lo tenemos en la versión Disney de Hercules.

Pero creo que el más recurrente es el ejemplo egipcio. Casi siempre empieza con un hechicero (Imhotep, generalmente; pobre, con la que le ha caído) que invoca a Anubis, o incluso es el propio Anubis el que regresa para destruir el mundo por medio de Sekhmet, Bastet, o sin necesidad de ayuda. Generalmente otras deidades, en este caso, permanecen al margen: sólo Thot aparece alguna vez como escriba ayudante, Osiris como último recurso, o Ra como recurso final (excepto cuando Ra es el malo, claro está).


Así, a través de estas líneas quiero defender a esos dioses mancillados por la comercial mentalidad actual con ganas de destrozar mitos, y hacer una breve reflexión sobre las causas probables de esta corrupción cultural.

Empezaré con Loki, que en sí no se sabe bien que és (¿Un Æesir? ¿Un gigante? ¿un Vanir?)... pero malo malo no era; sólo era travieso hasta que el rencor lo llevó a la "tumba". No en vano, se dejó copular por un caballo para salvaguardar el honor de Freya, además del Sol y la Luna. Y siempre intentó ayudar a salir de los líos en los que se metía... Prueba de ello, además de los relatos, es que Odin y Thor le permitiesen acompañarlo en sus incursiones. La culpa de su caída fue el muérdago y la tentación... como siempre. Quizás, de todos los ejemplos, es el "malo" más claro en tanto que es el causante de más desgracias; pero es un malo necesario, ya que para los vikingos el mundo debía ser destruído catastróficamente cada cierto tiempo para rehacerse desde cero de sus cenizas.
Como dato curioso, decir que Loki se liberó y encarnó en 1991, que en el año 2001 hizo una gran demostración anónima de poder, y que en el 2012 desencadenará el Ragnarök. Así pues, preparen sus armas... para nada: esta lucha será sin cuartel, y no habrá valkirias ni Valhalla al que ir una vez acabada.

Pero sigamos con la ronda. Hades, el gran señor gracias al cual los muertos no rondan (o no suelen rondar, ya que hay excepciones) la Tierra, que en su justicia colocó a tres Jueces ajenos a él para que hubiese objetividad en los destinos de los hombres al terminar la muerte. Hades, que luchó brazo con brazo con sus hermanos en la titanomaquia (que si bien eran sus padres y tíos, fueron enemigos mortales por un pequeño trauma infantil que sufrieron los hijos de Chronos... así que nada de aliados, sino cosas de familia), derrocándolos y ayudando a instaurar el nuevo orden que daría luz a los Hombres. Si bien tenía una moral ligeramente distinta (y así se revela en el rapto de Perséfone) a la del resto de olímpicos, con los que tal vez por eso procuraba no juntarse mucho, Hades no es en absoluto un malo absoluto, sino que busca, como tantos, su provecho propio. Y no en vano lo llamaron Clímeno, Eubuleo, y Polidegmon. Hades, o Plutón, no eran la muerte, sino los Reyes de los Muertos: la muerte era Tánatos, aunque las Erinias, Némesis, o la moira Átropos también han jugado ese papel.
Para ver la buena fé de Hades sólo hay que hacer un breve repaso. Permitió a Orfeo llevarse a Eurídice (a cambio de una muestra de paciencia que no pudo dar), dio vida a la menta después de que Perséfone la matase, y permitió que Herakles se llevase a su perrito.
Para los griegos el "bien" y el "mal" era algo confuso, y les habría sido muy difícil hacer esas distinciones con sus dioses, los más humanos que haya habido, con sus temores, sus vanidades y sus vicios. Así, los Dioses no eran como las Ideas platónicas, perfectas... y ningún dios podía ser malo según aristóteles, ya que todos ellos buscaban la felicidad y su propio beneficio. Y así "ad finitum". O mejor dicho, "ad ciclum", pues la muerte no era un fin, sino simplemente un cambio, e igual que las ánimas iban al Averno, los tiempos cambiaban cíclicamente... pero sin destruírse el mundo: cambiaba el gobierno, pero permanecía lo anteriormente asentado.

Y los egipcios... es un caso destacado: Anubis, que no es ni siquiera el dios de la muerte ni la destrucción, sino un mero mensajero de los dioses, y ni siquiera puede morir, es invocado por un sacerdote como Imhotep, fundador de la medicina antigua, identificado con Asclepio, que descubrió los efectos beneficiosos de la marihuana, fundador de la arquitectura y diseñador de pirámides, para destruir el mundo... eso es una puta puñalada trapera a Ra, siempre vigilando el mundo para que la serpiente no se lo coma... No sólo por parte de Anubis, sino por toda esa miriada de seres que se supone que invoca, a menudo hijos de Ra. Thot no tenía tampoco ningún objetivo para con los hombres: daba consejo a quien se lo pedía, sin las trampas de Hermes Trimegisto, ni Sekhmet ni Bastet atormentarán a la humanidad. El mundo, en este caso, es imperturbable, pues Osiris instituyó la casta de los Faraones... para siempre y sin interrupción.



Me resultan curiosos dos puntos de la psicología humana. Por un lado, está la necesidad de una catástrofe; pero ese es tema que hablaré en otro momento. Por el otro lado, la Muerte, la necesidad actual de identificar a la muerte como algo inhumano y superior, como un mal básico... aunque eso signifique corromper los mitos y modos de ver antiguos. Y los tres (o cuatro, si contamos por separado la grecorromana) ejemplos aquí dados no son los únicos, como es de imaginar. Toda imaginería sobre la muerte como algo positivo ha sido demonizado en los últimos siglos, y en especial en los últimos años. ¿Por qué?

El ser humano, en tanto que animal, por muy racional que sea, tiene un instinto de supervivencia nato, una tendencia a satisfacer sus necesidades para eludir momentáneamente el final. Pero en tanto que racional, es consciente de que esta llegará inevitablemente, y si bien podemos retrasarla (a través de la técnica y la medicina), no podemos hacerlo indefinidamente. Es una Verdad: Ella siempre llega.
Esto representa un conflicto: por eso Plutón se enriquecía (el nombre de Plutón viene de Plouto con las lágrimas de los Hombres. Una parte de nosotros, la más antigua y arraigada, nos dice que hemos de evitar la muerte. La otra, que la muerte no puede ser evitada. Y en una sociedad como la que conformamos actualmente, donde nos refugiamos en el hedonismo de la necesidad satisfecha y evitamos, aunque inconscientemente, aquello que nos recuerda que somos frágiles, genera una fuerza de igual módulo pero sentido opuesto. Se buscan métodos para evitar el dolor, aun cuando este es soportable, y ante el más ligero síntoma nos volvemos doctores hipocondriacos. Se buscan remedios no a los vicios, sino a los males que generan los vicios; si algo nos molesta, lo apartamos sin pensarlo, ni contemplar siquiera la posibilidad de abandonar la causa de la molestia. Los hijos son protegidos contra el viento, por miedo a que se resfríen siquiera... y más con algo tan desagradable e "inhumano" como es la muerte. Presuntamente, un niño que ve la muerte queda traumatizado... ¿Significa eso que descendemos de mil generaciones de traumatizados? ¿No se está exagerando? Buscamos una sociedad aséptica, indolora, hedónica, donde el estoicismo y el esfuerzo no tengan cabida. O al menos a ella nos dirigimos.

Y por eso cada vez podemos dar menos respuesta espiritual a la Muerte, y las naturales son tan frías y rígidas que nos negamos a digerirlas... así que hay que buscar un culpable. Tanto da si es el "Sistema", el "Clima" o "el Destino", pero hay un chip interno que introduce constantemente el código de llamada a la personificación de la Muerte, de su causa, de nuestro dolor ante la pérdida de seres queridos y el dolor de la contradicción en nuestra naturaleza, y por tanto, de forma lógica, se produce su demonización.
Claro que a un niño no le puedes presentar "la Muerte" en tanto que concepto abstracto, neutro, justo. No le explicaría la razón de su demonización, y no lo entenderá si no es mediante la personificación en mitos de la humanidad, y no entenderá nada si no hay un Bien definido y un Mal definido, en lugar de personas normales y corrientes con sus vicios y virtudes... ironizo, evidentemente. Muchas generaciones antes que nosotros lo entendieron, así que o la frase anterior es falsa, o cada vez el coeficiente intelectual de la raza humana decae mucho más. Cosa que me creería perfectamente.


Bien, no les entetendré más: ya he alegado en favor de los mitos antiguos y de sus personajes, de la neutralidad de la muerte, y contra la hipocresía humana, sobre la cual seguiré peroratando.
Pero esto es suficiente por ahora.

Buenas tardes.
J

08 septiembre 2006

I, Robot

Acabo de ver "Yo, Robot" (sí, no había visto la película hasta ahora, ¿qué pasa?), ese filme que, a partir de varios relatos del genio Isaac Asimov [Sumo Genio de la Hard Sci-Fi sería una denominación más de su agrado], construye un filme típico y tópico de Hollywood, quebrantando una y otra vez las leyes que Asimov dejó para su mundo robótico, y no contentos con eso, muestra unos personajes "tipo" con los nombres de los grandes roboticistas de la US Robotics. Sin ánimo de hacer "spoiler" a quien no haya visto y pretenda ver la película, y conozca la obra de Asimov [si se cumplen ambas condiciones en su caso, salte un par de párrafos adelante], parte de varios problemas filosóficos expuestos en los relatos cortos, tales como el robot con sentimientos, el robot con creencias en seres superiores, la serie con la Ley Primera reducida, el hombre bicentenario, y una pizca del robot telépata, a partir de los cuales define lo que es "daño" o no para el Ser Humano, y aplica sobre ello una corrupción inmediata de las Tres Leyes, extrapolando [en imitación a Giskard y Daneel; omito el "R." por razones obvias] una "Ley Zeroth" errónea. Da la sensación de que los robots [denominación en la que se incluye, por cierto, Viki, que también está sometida a las Tres Leyes; si no lo estuviese no habría podido desarrollar esa versión de Ley Zeroth, o no la habría aplicado al menos] pueden optar a cumplir la Primera Ley si por una consecuencia lógica concluyen que deben morir unos pocos "para el bien de la humanidad".
En el universo Asimov, el robot que salvó al personaje interpretado por Will Smith habría sufrido la desconexión automática antes de poder salvar a nadie, ya que se habría encontrado con un dilema irresoluble: salvar a uno implica permitir por inacción la muerte del otro, una violación flagrante de la Primera Ley. Del mismo modo, sabemos por Daneel y sus conversaciones con Golan Trevize que éste, a pesar de haber asumido la Ley Zeroth, se encontraba en un conflicto irresoluble cuando había de aplicarla y manipular, por poco que fuese, las mentes humanas; aun después de milenios de asunción, no fue capaz de matar al solariano sin problemas.

Así pues, puede ser una película entretenida para alguien no versado en el mundo Asimov, pero en mi opinión se le podría haber sacado más jugo al filme simplemente presentando los problemas éticos y/o morales que se le aparecen al robot en la aplicación de las tres leyes. Cualquier relato de Susan Calvin [la verdadera Susan], Spike o de Dogson habría sido suficiente como para servir de inspiración: ¿Ordenar sin énfasis la autodestrucción significa un problema irresoluble? ¿Puede un robot niñera encariñarse con la niña a su cargo? ¿Juegan los robots con los dedos? ¿Pueden llegar a creer que Dios los creó para proteger a los Hombres de la estación espacial, y hacer más sencillo su tránsito hacia un tipo de vida [sin muerte de por medio] superior? ¿Qué es más importante: el dolor psíquico o el físico? ¿Qué hace un robot si se le ordena autodestruírse, pero su destrucción implica la muerte de la persona que se lo ordena? La solución de estos enigmas, que un robot resolvería por lógica simple, no siempre dan los resultados esperados, y puede ser entretenido buscar y resolver nuevos retos para la lógica.


Ahora bien, este blog no se trata en absoluto un lugar de crítica cinéfila, de modo que, si quieren obtener una opinión, sólo les puedo recomendar que la vean. En realidad es otro tema el que me mueve a escribir estas líneas, un tema más humano, un conflicto más peliagudo. Se ve a menudo en las obras de ficción, y basta con mencionar la Inteligencia Artificial para que este tema salga a la luz: los sentimientos.


Al margen de lo que sean realmente los sentimientos, al Ser Humano le sirven básicamente para dos cosas: la supervivencia y la resolución de conflictos. Un robot, en tanto que máquina construíble y desechable, no tiene [a menos que se le habilite para ello, por medio de la Tercera Ley] sentido de supervivencia, pues sus necesidades son básicamente distintas de las del Ser Humano. De hecho, emociones como el dolor o la pena, que históricamente nos han servido para evitar peligros, harían ineficiente al robot, quien se encontraría constantemente en conflicto con las leyes. El robot tiene un tiempo de vida muy contado, y una utilidad específica [aún los que denominemos "genéricos"], de modo que implementar sentimientos por supervivencia es una cuestión secundaria, y en principio no interesa a la ingenieria sino tal vez como reto o para misiones específicas.

Al robot le interesan los sentimientos, básicamente, para la resolución de conflictos. El Ser Humano es, básicamente, un ser complejo que tiene un conocimiento adquirido acumulado para su propia supervivencia, como todos los animales. Este conocimiento nos define y hace más proclives a una serie de actos que a otros. Así, si hemos tenido malas experiencias con el pescado la idea de comerlo se nos hará más difícil que la de comer carne, y en caso de una disyuntiva ["El Señor qué tomará hoy, ¿carne o pescado?"] nos facilitan la elección. Del mismo modo, si en el Restaurante Mangejo nos hicieron en una ocasión unos estupendos libritos de lomo con roquefort, y nos sirvieron un excelente tinto, seremos más proclives a elegir esa combinación de toda la carta.
Un robot positrónico, por supuesto, no resolverá este tipo de conflictos habitualmente, ya que no necesitaría alimentación orgánica. Pero para el Ser Humano, los sentimientos van más allá de una cuestión de preferencia personal: les ayudan a definir el Bien y el Mal de forma rápida. Hay cierta historia de Hume que, aunque ligeramente demagógica, se ajusta con cierta validez a lo que quiero decir: trata de un hijo que mató a su padre y luego se lo comió. ¿Qué opinan? Plantear así esta cuestión, fríamente, produce en la mayor parte de las personas rechazo ante la abominación de la muerte entre parientes, y el canibalismo. Sería una gran historia en cualquier periódico de prensa amarilla. Ahora, añadámosle algunos datos más: que el padre era un árbol, cuyo fruto cayó junto a él, y creció y se desarrolló más que el árbol viejo, hasta que le tapó la luz y absorbió los nutrientes del suelo. Cuando el árbol viejo se secó, el hijo también tomó los nutrientes de las raíces descompuestas. Algo natural, que así expresado no produce ninguna emoción, sino que se da por sentado como ley de vida.
En realidad todo esto es dialéctica, juegar con las denominaciones, pero lo importante es que los sentimientos ayudan a tomar una postura o a ejecutar una acción en un momento dado. Hay muchas acciones que tomamos después de la reflexión, pero el Ser Humano tiene un tiempo de reacción corto y no siempre puede evaluar los datos, de modo que, si en un momento dado debe tomar una decisión rápida, lo hace "siguiendo su corazón", es decir, guiándose por sus sentimientos. Simplemente, no podemos gestionar de manera racional/consciente todas las acciones que hemos de realizar, de modo que tomamos decisiones rápidas. Posteriormente, por supuesto, las analizamos, y decidimos si la actuación ha sido correcta o no. Si lo ha sido, "archivamos" el recuerdo para que, de repetirse la situación, sepamos como actuar. En caso contrario, "archivamos" en la mente los datos simplemente para probar otra solución distinta en circuntancias similares. Incluso marcaremos una lista de posibles actuaciones con un orden; pero a la hora de la verdad, no hay dos situaciones iguales, de modo que siempre tendremos a los sentimientos contraviniendo lo que decidimos de manera lógica.

Un robot del tipo que tratamos lo tiene más fácil. Para él, el Bien o el Mal quedan restringidos por las Tres Leyes: no pueden considerar "matar un humano" [como hace el ser humano cuando está humillado, colérico o lleno de miedo, celos u odio], "desobedecer la última orden dada por un humano" [como hacemos... eh... cada dos por tres, a menudo incluso por placer], o destruírse a sí mismo [en casos de desesperación]. Además, el tiempo que un robot positrónico tarda en reaccionar es millones de veces más rápido que el de un humano, de modo que su capacidad de procesar datos de manera lógica e idear la solución óptima es mayor, lo cual implicaría una menor necesidad de recurrir al sentimiento en la toma de decisiones. Siempre serán más lógicos, y firmes en su decisión.
Aún así, hay casos en que las Leyes entran en conflictos, y como dijo Susan Calvin, habrá que buscar nuevas formas para que los robots no se desconecten solos. Así, se añadió una jerarquía con valoraciones analógicas, a modo de vectores, que en caso de conflicto se sumaban para definir una línea de acción. Pero aún así, mandar vagamente a un robot al suicidio implicaba un círculo vicioso: los sentimientos podrían llegar a ser útiles en última instancia. Tal vez algo de vanidad u orgullo llevase al robot a salvarse; o tal vez fuese el miedo o la fé en el más allá el que le llevase directo a la destrucción.

Pero, ¿es práctico llevarlos a cabo? Los humanos procesamos, consciente o inconscientemente, absolutamente toda la información que recibimos; para eso tenemos varias regiones en el cerebro que funcionan como procesadores separados. Los datos extraídos son almacenados en varios niveles, y son procesados de nuevo contínuamente por otras regiones del cerebro, que los eliminan, sintetizan, o extraen conclusiones nuevas. Requisitos: una enorme potencia de cálculo, y no sólo eso: una gran necesidad de espacio físico. De hecho, los recuerdos están duplicados para facilitar su acceso: un hash infinito de infinitas dimensiones. ¿Es esto eficiente? Sólo si tenemos el número de procesadores/neuronas adecuado. Por eso los recuerdos deben ser sintetizados y asociados unos con otros, y de este modo quedan también ligados a emociones... lo cual hace que, al ser revisados desde otro punto de vista, queden modificados, se olviden partes [un lujo de compresión], o haya que esforzarse para recomponerlos parte a parte.
Por si esto fuera poco, en el momento de decidir aparecen enormes cantidades de información. El olor trae a la memoria todos los recuerdos relacionados con ese aroma, una cara nos trae la información sobre las impresiones pasadas [así como la presente] sobre su propietario [y sobre la gente de las cuales tenemos impresiones similares: "Usted me recuerda a..."], cientos de datos sobre los peligros de esa situación, y cientos de emociones en diversos grados asociadas a dichos datos. Todo eso compone una expresión lógica-analógica, valga el oximoron, que debe resolverse instantáneamente. Demasiada información para trabajarla de forma eficiente; un robot así creado tendría por fuerza que ser inexacto, lógico y ambiguo, por que tendría que trabajar con datos incompletos, o con excesiva información que retardaría su tiempo de reacción.


Por tanto, ¿nos interesa desarrollar sistemas de IA con sentimientos? ¿Es lógico crear robots con cualidades humanas? Sí, como método de resolución de conflictos lógicos. Pero, ¿debemos otorgarles todas las cualidades, intentar emular toda la gama de sensaciones? No, no tendría sentido, además de resultar peligroso. ¿Para qué implementarles el odio? ¿Para qué implementarles la gula? ¿El amor, como algo más intenso que el cariño? ¿No desembocaría en celos? Además, cuantos más sentimientos mayor ancho de banda necesitado, más datos a procesar...


Por eso mismo el Ser Humano es tan inexacto, ilógico, ambiguo, o más bien exacto, lógico y único en su particular forma de comportamiento. Nos guiamos por datos inconclusos, rellenados con recuerdos, sentimientos e ilusiones. No entiendo la necesidad de un robot humano en pleno sentido [excepto como reto; pero una vez conseguido deja de tener sentido].



Principalmente porque ya tenemos Seres Humanos. Y, sin que sirva de precedente, ¿para qué querrías tú una copia exacta del original, si puedes tener un original sin piratear?

27 agosto 2006

Help' por Esperant'

Últimamente he visto que algunas personas de mi entorno han empezado a aprender esperanto. Por eso he confeccionado este pequeño resumen de uso, con algunas cosas de uso común y tablas de palabras comunes, para su consulta rápida en conversación. Espero que os sea útil.
Está disponible en .pdf para impresión y .xthml para consulta web. También podéis elegir entre supersignoj o iksaj.

Kutime, kelkar' personar' ĉirkaŭ mi ekis je sia lernad' de l' esperant'. Tial mi verkis ĉi tiujn rezumojn de uz', kun kelkar' aĵar' de kutim' uzad' kaj kutimar' vortar', por l' fluparolad'. Mi esperas ke gxi utilu al vi.
Oni trovpovas gxin je .pdf-format' por impres', aŭ .xhtml-format' por la vid' de gxi interrete. Ankaŭ oni elekpovas l' supersign' aŭ l' iks' vidsistem'.

supersignoj.pdf
supersignoj.xhtml
iksa.pdf
iksa.xhtml

18 agosto 2006

Jakobo kaj siaj filoj

La patro de Jakobo ricevis vivejon kiam li ekfinigis la universitatan studadon. Gxi estis unucxambrejo malpura, sen muebloj, kaj neniu logxis tie, kiu antawe estis industria navo, en ne tre recomendinda vilagxero. Sed sxajnis ke gxi estis farita por li. Do, dum jaroj li uzis liajn semajnfinojn refarante la hejmon: li metis novajn kaj senlikajn akvaduktojn anstataw tiuj malnovaj de plumbo kiuj estis, konstruis la tualeton, anstatawigis la lumilojn, riparis la fenestrakristalon, kaj metis kurtenojn. Li acxetis novan kuirejilon, kaj el eta tererujo li faris kultivejon. Krome, li ornamis sian hejmon per lastaj emaj pentrajxoj kaj belaj florujoj. Ecx li instalis la Interreton, ilo kiun ne multaj uloj havpovis, kaj acxetis akompanantan pudelon. Ofte liaj amikoj de pli bonaj vilagxeroj vizitis lin, kaj demandis kial li aliris tiun ejon kiam li povis vendi tiun domon kaj acxeti iun pli bonan, sed la patro de Jakobo respondis ke li estis laborinta tiom en tiu donacita hejmo, kaj ke li estis hejmigxinta gxin, kaj ke li estis felicxa logxante tie.

Sed post malmultaj jaroj, ekis la problemoj kun la najbaroj. Tiu hejmo estis placxa, cxar la sxtuparo estis pentrita de la patro de Jakobo, kaj oni trovis plantoj. Kaj novaj najboroj alvenis vidonte tiun domon. Kiam liaj najboroj demandis, la patro de Jakobo diris al ili ke ili pliplacxebligus iliaj hejmojn; tamen, kiam ili parolis pri acxeti lian vivejon, la produkto de lia laboro, la patro de Jakobo rifuzis, cxar li logxis bone cxe tiu hejmo. Do la najboroj diris ke se li estis konstruinta tiun vivejon estis pro la monaro kiun li havis, afero kiu neniam estis neita de Jakobo. La geavioj de Jakobo estintis malricxaj, sed amasigis etan monaregon, kiu, per bonaj investoj, li ege obligxis. Tial li kredi je la korekta investado de la monaro, per kiu oni povus gajni egajn profitojn por reformi iun ejon.

Sed la malbonaj nejboroj decidis trairi pli facila vojo por havi tiun domon kaj tiun teknologio: uzi la militon. Decidis neebligi la vivon de la patro de Jakobo en tiu vilagxero, kaj ili ekrompis la novajn kristalojn per sxtonoj. Tial la patro de Jakobo instalis nerompeblajn kristalojn kaj sxutrojn. Ecx tiel, cxiam iu sxtono traboris la fenestrojn. Kaj la afero malbonigxis kiam raboj komencis. La patro sentis iame ke najboro eniris kaj uzis lian kuirejilojn aw tualetilojn; do li instalis kontrawrabajn alarmilojn. Malsuficxe, cxar ofte ajxoj malaperis aw aperis uzitaj. Kaj la kverelo dumtenis iujn jarojn, mentraw la patro de Jakobo metis la plej bonajn sistemojn kaj la najboroj invademis.

Kiam la patro de Jakobo mortigis, Jakobo ankoraw logxis tie. Sed la vivejo nun ne estis unucxambra, sed gxi havis murojn kaj estis praktike awtonoma. Gxi havis la plej jxusajn teknologiojn instalitajn; sed la najboroj ankoraw gxenis. La fenestroj ne sxutris, sed elastaj kristaloj resaltigis la sxtonojn al kie ili venis. Sed la najboroj ne jxetis la sxtonojn, sed sendis la iliajn filojn por sxtonjxeti, kaj ofte iu knabo vundigxis. Kaj la najboroj plendis ke iliaj filoj estis vunditaj, kaj Jakobo nur respondis ke ili estis la nuraj kulpuloj, kiu sxendis ilin por jxeti la sxtonojn. Kaj la kverelado malbonigxis.

Iu tago, oni de la bajboraro acxetis fajrjxetantajn armilojn, volonte preni la domon per la milito, kiel ria patro instruis rin. La kristaloj ne haltpovis la pafilojn, kiujn iame transiris la cxefcxambron. Jakobo helpdemanis liajn amikon de pli bonaj vilagxeroj, kaj instalis detektilojn de eksplodado kaj iujn awtonomajn batalilojn kiuj respondis la jxetadojn. Jakobo ne povos foriri en la straton, timante vundigxi, kaj liaj amikoj de pli bonaj vilagxeroj helpis lin kiel ili povis. Kaj la najboroj, vidante sia morto je la jxetiloj de la awtonomaj bataliloj, sxendis denove iliajn filojn kun la armiloj [kiel ili mem estis sxenditaj de iliaj patroj kun sxtonoj], kaj ofte iu knabo mortigis. Kaj la najboroj plendis ke iliaj filoj estis mortitaj, kaj Jakobo nur respondis ke ili estis la nuraj kulpuloj, kiuj sxendis ilin pafante. Kaj la kverelado malbonicxis.

Jakobo mortigxis, kaj liaj filoj venis por logxi cxe li. Vidante la najboroj ke ili ankaw ne povus forigi la novajn logxantojn, same kiel iliaj patroj ne povis forigi Jakobon, nek iliaj avoj la Jakoban patron, kaj ke nek la raboj nek la minacajxoj nek la sxtonoj nek la kugloj faras nenion, ili decidis ataki la amikojn el pli bonaj vilagxeroj de la filoj de Jakobo. Kaj ekatendis ilin minaconte, rabonte cxe ili, kaj ecx metonte eksplodajxojn en la liftoj de iliaj ricxeskaj logxejoj. Kaj la amikoj de la filoj de Jakobo de pli bonaj vilagxeroj sentis la dangxeron, kaj kelkaj ne rehelpos lin, aw helpos malplu. Sed la filoj de Jakobo estis decidemaj, kiel ilia patro kaj la patro de ilia patro, kaj ne forlasis sian hejmon.

Tage, apud la pordo eksplodajxo bruis, kaj preskaw frakasas la especialan blendajxon. Tial la filoj de Jakobo ekbarigis la fenestrojn kaj pordojn, kaj instalis novajn defendajxojn, cxar kiel gxi eksplodis fore, tiel gxi eksplodipovos interen. Fakte, multaj ajxoj [kutime hejme artefaritaj] eksplodis, kaj iame tio kawzis grandajn rompadojn. Iu tago nepo de Jakobo, kaj lia patro ege kolerigxis, cxar li neniam metis liajn filojn je tiu milito. Do, la filoj de Jakobo forigis apudajn najborojn, kaj per iliaj domoj konstruis nekredeblan defendajxon por ne havi plu batalojn; sed poste la najboroj revenis. Kaj iam la eksplodiloj sxangxis sian irlinio per la kristaloj, kaj mortigas kelkajn najborojn. Cetera plendis ke iliaj familieroj estis vunditaj, kaj la filoj de Jakobo nur respondis ke ili estis la nuraj kulpuloj, kiuj jxetis la misilojn por mortigi ilin. Kaj la kverelado malbonigxis.

Sed jam la najboroj jxetis la misilojn el la intero de iliaj memaj hejmoj, kaj la awtonomaj bataliloj de la filoj de Jakobo respondis tion, kaj jen nu la jxetilojn eniris la najboran hejmon, kaj ili timigas pro tio, cxar kvankam siaj kugloj eniris cxe Jakobon dum multaj jaroj, neniam antawe eniris cxe ilin. Kaj la najboroj plendis ke jxetiloj eniris cxe ilin, kaj la filoj de Jakobo nur respondis ke ili estis la nuraj kulpuloj, kiuj jxetis kuglojn el iliaj hejmoj. Kaj la kverelado malbonigxis.

Jen la Jakobaj filoj havis sistemojn per kiuj oni ne povus lasi eksplodajxojn cxe la hejmo, sed ne personojn. Nu, iuj najboroj devenis eksplodulojn, farante pli egajn malutiligadojn. Kaj cxe Jakobo estis malutilaj, sed ili ankaw atakis la domojn de la amikoj de pli bonaj vilagxeroj, kies la hejmoj ne estis tiom defendigitaj. Kaj iuj el la amikoj plendis al la filoj de Jakobo ilian kapegulecon, kaj petis al ili la ilian iron for la vilagxeron kaj for la domon kiu donis al ili la gxojon, kaj multajn el ili perdis la filoj. Sed aliaj komprenis ke, se la najboroj prenis la Jakoban hejmon, neniu hejmo estus suficxa por la najboroj, kaj lernis la sistemojn de la filoj de Jakobo, kaj petis ilian helpon por la disvolvado de novaj sistemoj, kaj pretigis iliajn hejmojn simile. Sed nun ili havis iliajn memajn poblemojn, iliajn defendendajn familiojn, kaj ili jam ne helpos la filojn de Jakobo kiel antawe estis helpinta.


La filoj de Jakobo mortigxis, sed la kverelado ne estas sxangxinta. Kaj tiu estas la historio de la idoj de Jakobo [ankaw nomigxita Izraelo], la Isaakidoj, la Abrahamidoj.




Al padre de Jacob le regalaron un pequeño apartamento para él cuando acabó la carrera. Era un loft sucio, desamueblado y abandonado, que antes había sido una nave industrial, en un no muy recomendable barrio, pero parecía hecho a su medida. Durante algunos años dedicó los fines de semana a hacer reformas: cambió las tuberías de plomo por otras que, además, no tenían fugas, hizo un pequeño apartado y allí instaló los utensilios de baño, cambió los casquillos de obra por lámparas de bajo consumo, reparó algunos cristales de las ventanas, y puso cortinas. Montó una cocina-bar completa, y en un pequeño terrado hizo un huertecito. Además, decoró la casa con cuadros de última generación, y llenó la casa de plantas. Incluso se puso Internet, cosa que pocos en el barrio tenían, y se compró un perro para que le hiciese compañía. A menudo iban sus amigos de mejores barrios a visitarle y le preguntaban que por qué se había ido a aquel lugar cuando podía vender aquel piso y comprarse uno en mejores condiciones, pero el padre de Jacob contestaba que él había trabajado aquella casa que le habían regalado y la había convertido en su hogar, y que era feliz en aquel lugar.

Pero no pasaron muchos años antes de que comenzasen los problemas con los vecinos. El aspecto de aquella casa había mejorado, ya que el padre de Jacob había pintado la escalera y había puesto plantas por doquier, y vinieron más vecinos a husmear en aquella casa. Cuando sus vecinos le preguntaban, el padre de Jacob decía que ellos podrían con algo de esfuerzo remodelar sus propias casas; sin embargo, cuando le indicaban que estaba dispuestos a comprarle el fruto de su trabajo el padre de Jacob se negaba, porque él estaba a gusto con aquella casa. Entonces los vecinos reponían que él podía construir aquella casa porque tenía dinero, cosa que el padre de Jacob no negaba; pero los abuelos de Jacob habían sido pobres, y habían conseguido hacer una pequeña fortuna que, con acertadas inversiones, él había multiplicado; por eso creía firmemente en que, si el dinero se invertía de manera correcta, era posible obtener pingües beneficios para remodelar su hogar.

Pero los vecinos decidieron que había un camino más fácil para obtener aquella casa y aquellos aparatos, y decidieron quedarse con aquella vivienda por la fuerza. Estaban decididos a hacerle la vida imposible al padre de Jacob hasta que se fuese del barrio, y empezaron rompiendo las ventanas a pedradas. Por eso el padre de Jacob instaló cristales blindados y contraventanas. Pero aún así, a veces había alguna piedra que conseguía perforar el vidrio, y lo peor fue cuando empezaron los robos. El padre de Jacob notaba que a veces algún vecino se colaba y usaba su cocina o su cuarto de baño con hidromasaje, así que instaló alarmas antirrobo. Pero eso no bastaba, y a menudo notaba que desaparecían cosas, y que otras eran usadas. Y así la situación duró algunos años; el padre de Jacob ponía mejores sistemas de seguridad, y sus vecinos se los saltaban.

Cuando el padre de Jacob murió, Jacob siguió viviendo en aquel apartamento que su padre remodelase antaño, aunque poco quedaba de él. Ya no era un loft, sino un apartamento con paredes, prácticamente autosuficiente. Tenía el último grito en tecnología de aquella época, pero los vecinos seguían molestándolo. Ya no había contraventanas, sino un cristal elástico que hacía rebotar las piedras en la dirección en la que venía; pero aquellos vecinos ya no tiraban piedras, sino que enviaban a sus hijos a que las tirasen, y a menudo un niño salía herido. Los vecinos le recriminaban que sus hijos resultaban heridos, y Jacob simplemente respondía que era culpa de ellos, que los enviaban a lanzar piedras. Y la situación empeoraba.

Un día, uno de los vecinos compró armas de fuego, dispuesto a tomar la casa por la fuerza, como le había dicho su padre que debía hacer. Los cristales no podían parar las balas que cruzaban de vez en cuando el salón. Jacob pidió ayuda a sus amigos de barrios mejores, e instaló detectores de detonación, y algunas armas automáticas que respondían a esos disparos. Ya no podía salir a la calle, por miedo a resultar herido, y sus amigos de barrios mejores le ayudaban como buenamente podían. Los vecinos, viendo que podían morir bajo las balas con las que respondían los detectores de Jacob, enviaron a sus hijos con las armas, como a ellos los enviaron sus padres con piedras, y a veces estos resultaban muertos. Y recriminaban a Jacob la muerte de sus hijos, y él les respondía simplemente que era culpa de ellos, que los enviaban con fusiles. Y la situación empeoraba.

Jacob acabó muriendo, y su casa la ocuparon sus hijos. Viendo los vecinos que no podrían expulsar a los nuevos tampoco, igual que sus padres no habían podido expulsar a Jacob, ni sus sus abuelos a su padre, y que ni los robos, ni las amenazas, ni las piedras ni las balas conseguían nada, decidieron atacar a los amigos de barrios mejores de los hijos de Jacob. Y empezaron a esperarlos en los soportales para amenazarlos, a robar en sus casas, e incluso colocar artefactos explosivos los ascensores de sus lujosas viviendas. Y los amigos de los hijos de Jacob se sintieron en peligro, y muchos lo abandonaron, y otros redujeron sus ayudas. Pero los hijos de Jacob eran de determinación fuerte, como su padre y el padre de su padre, así que continuaron viviendo en aquella casa.

Un día, una bomba sonó junto a la puerta, y casi rompe el blindaje especial que la protegía. De modo que los hijos de Jacob empezaron a tapiar las ventanas y puertas, e introdujeron mayores defensas, porque igual que había estallado fuera podrían haberla hecho estallar dentro. Estallaron muchas más bombas, a menudo de fabricación casera, y a menudo causaban grandes desperfectos. Y un día mataron al nieto de Jacob, y su padre se enfadó mucho, porque él no había metido a sus hijos en aquella guerra. Así que consiguieron expulsar a los vecinos colindantes por la fuerza, y con sus casas hicieron una defensa especial para que no lo atacasen más; pero con el tiempo los vecinos volvieron. Y a veces las bombas rebotaban contra los cristales elásticos y mataban a muchos de sus vecinos, y recriminaban a los hijos de Jacob que a ellos también les caían bombas, y los hijos de Jacob les respondían que era culpa de ellos, que intentaban matarlos lanzando bombas. Y la situación empeoraba.

Pero entonces los vecinos pusieron las armas en sus propias casas, y disparaban desde los balcones. Y las armas automáticas de los hijos de Jacob les respondían, y ahora las balas entraban también en las casas de sus vecinos, y ellos se asustaron, pues aunque sus balas llevaban entrando en la casa de Jacob muchos años, nunca habían entrado en las suyas propias. Y recriminaban a los hijos de Jacob las balas en sus casas, y ellos les respondían simplemente que era culpa de ellos, que disparaban desde sus hogares. Y la situación empeoraba.

Habían conseguido sistemas para que no pudiesen dejar bombas en su casa, pero los vecinos fueron más lejos aún, y empezaron a usarse ellos mismos como bomba, causando mayores desperfectos. Y en la casa de Jacob hacían daño, pero también atacaban a los amigos de barrios mejores, cuyas casas no estaban tan preparadas para esos ataques. Y algunos de los amigos recriminaron a los hijos de Jacob su cabezonería, y les indicaron que abandonasen el barrio y la casa que les daba la felicidad por su seguridad, y perdieron a muchos de éstos. Pero otros entendieron que si conseguían la casa de los hijos de Jacob no se pararían allí, y aprendieron de los hijos de Jacob y les pidieron ayuda con el desarrollo de sus propios sistemas, y armaron sus casas de manera similar. Pero ahora tenían sus propios problemas, y que defender sus familias, así que ya no prestaban su ayuda a los hijos de Jacob.


Los hijos de Jacob fueron muriendo, pero la situación no ha cambiado. Y esta es la historia de los descendientes de Jacob llamado Israel hijo de Isaac hijo de Abraham.

14 julio 2006

El Contrato

En mis muchos viajes a lo largo y ancho de este mundo, encontré tiempo ha una extraña sociedad donde Moriquendi, Casári y Atani convivían en paz. Hasta ellos no había llegado aún las noticias de la existencia de los Valar, ni aún del mismísimo Eru, y habían desarrollado un peculiar panteón, y toda su cultura giraba en torno a él.

Así, la divinidad mayor era la diosa Satisfacción Personal, que había engendrado en el principio de los tiempos muchas otras divinidades, que a su vez habían procreado y hecho nacer otros dioses menores; tanto que todas ellas se contaban por cientos de miles, sino por millones, y era imposible conocerlas todas.

Había diosas como Alimento, Trabajo, Ascenso o Dinero, muy extendidas entre las clases populares, o dioses como Reconocimiento Social, Reconocimiento Intelectual, Poder, Placer o Apariencia, comunes entre la burguesía. Algunos sectores marginales adoraban a Dolor, Sacrificio o Necesidad, y otros se preciaban de los favores que Sexo, Miedo, Castidad o Pobreza les había otorgado. Era, en esencia, un panteón complejo, y la sociedad estaba a la altura de tan intrincado credo.

Durante la infancia, el niño desarrollaba y ordenaba sus preferencias dentro del Panteón. Cada deidad exigía un comportamiento determinado para obtener sus favores, por lo que era sumamente importante en la vida del infante, ya que esto determinaría su forma de ser en el futuro.

Estas acciones exigidas eran muy restrictivas, por lo que a menudo los habitantes de la región habían de elegir entre satisfacer un dios u otro. Por si fuera poco, los dioses sólo concedían sus favores a su adorador más entregado, por lo que en otros tiempos, los sabotajes entre adoradores de la misma divinidad habían estado al orden del día.

Sin embargo, la competencia desleal era ya cosa del pasado, o casi. Las gentes de aquel singular pueblo habían encontrado un sistema que solucionaba este problema, además de hacerlos famosos y preciados entre las etnias de su entorno.
Porque se dice que eran los más grandes legalistas que han y habrán existido., y solían trabajar como burócratas, notarios y abogados para los pueblos de su alrededor. Yo mismo supe de ellos por un grupo de notarios en un país vecino, y fue esta y no otra característica la que me llevó a buscarlo.

Porque habían llevado a caboel contrato social de la manera más literal posible. Cuando un niño llegaba a la edad adulta, debía firmar cientos de papeles y certificados por los cuales se comprometía con su pueblo. Y la cosa no quedaba ahí. Cuando dos personas se conocían o eran presentadas, inmediatamente intercambiaban sendos contratos para saber en qué términos quedaba su relación. Cuando la relación cambiaba, se efectuaban enmiendas en los dichos contratos, de modo que en todo momento sabían a lo que atenerse, y, al tiempo que intentaban satisfacer las demandas de sus dioses, procuraban no entorpecer (o sí, según los términos del contrato) el camino del otro.

Evidentemente, est generaba una gran burocracia que habían perfeccionado hasta el límite de la eficiencia. Lo cual no les evitaba tener que cargar con cientos y cientos de contratos sociales que habían firmado; era el peso de sus relaciones sociales.

Por supuesto, el contrato no era irrompible, y cualquiera de las dos partes podía rasgar el fino papel en que se escribían, si bien esto no estaba bien visto, ya que implicaba señalar que jamás había existido una relación que en realidad sí se había mantenido. Por eso, cuando ésto ocurría, la parte litigante (llamada coloquialmente rompehojas) podía llegar a un acuerdo con la otra parte y firmar un nuevo contrato, o era llevado a juicio, lo cual solía provocar grandes cambios (en detrimento suyo, claro está) en el resto de acuerdos que tuviera firmados.

Así mismo, al abandonar la infancia podía negarse a firmar los contratos que lo comprometían con su pueblo, o ya en la madurez podía romperlos y no aceptar el orden social establecido. Aquello provocaba gran desconfianza en la gente, claro está, y a menudo la litigante se veía abocada al exilio voluntario por un ambiente en exceso hostil. Empero, estaba en realidad en su derecho de hacerlo, y no siempre acababa mal, ya que si un número suficiente de personas la apoyaba, podía crearse un nuevo texto que, si uno así lo deseaba, podía firmar, anulando su anterior contrato.

Tanto era su respeto por la palabra firmada, que perduraba incluso tras la muerte; al margen de las disposiciones testamentarias, eran comunes las cláusulas en los contratos sobre la posibilidad de reclamar o incluso impugnar. También eran comunes los niños con familias alejadas del modelo biparental, por resolución de contrato, o incluso cláusulas que a muchos escandalizarían por inhumanas, como la exclusividad de asesinato.

Tal era la importancia y misticismo que daban a sus contratos que habían conseguido que los pueblos de su entorno firmasen pactos de no agresión, y a nadie se le hubiera ocurrido romperlos por miedo a los seguidores de la diosa Reconocimiento Militar e hijos, cosa que no es de extrañar viendo el arrojo con que defendían y buscaban sus dones y los de su esposo, el temido Orgullo por Coraje.

A muchos les parecerá agobiante y excesivo el celo de estas gentes por saber de quien dependían y en quien podían confiar (o no) a la hora de favorecer a sus dioses. Y tal vez sea así. Pero no cabe duda de que les fue eficiente. Y tal como ellos decían, habían sacrificado una serie de cosas, pero ahora tenían una sociedad organizada, engrasada y siempre a punto para actuar como colectivo. Una civilización. La Civilización Humana.

18 junio 2006

Begin to Begin

Buenos días/tardes/noches! Pues aquí estamos de nuevo: llega el verano y con él el tiempo libre, que espero dé de sobras para escribir aquí. Ha sido un cuatrimestre muy ajetreado, y han habido muchos cambios en mi vida: dos defunciones de por medio desde que dejé de escribir, las de la hermana de mi madre y la de mi abuelo. Mientras, he andado y ando de secretario en la revista de mi facultad... Y hemos conseguido sacar adelante FestaFIB2006, la fiesta de mi facultad, conmigo como tesorero tocapelotas. Eso, y los estudios (en los que reconozco no haberme lucido precisamente), me han dejado poco tiempo para ser yo mismo, para mi vida social, y para postear en este blog entre otros sitios. Baranduin, por su lado, ha andado desaparecido en no sé qué asuntos, pero ahora también ha regresado con fuerza. En fin, ya estamos por la blogosfera de nuevo, así que aprovechamos para mandar un saludo a todo el mundo y a prometer continuar escribiendo. Nos vemos, J & Baranduin

27 noviembre 2005

Defensor del Idioma I: Día Especial

Ayer, viernes 25, fue un día especial.

Y no ocurrió nada especial. Yo, J, no fui a la facultad, como un viernes cualquiera, y me tiré el día programando. Baranduin por su lado intentó sin éxito que las aguas del Brandivino no se helasen en las fuentes, por los vientos que bajaban de las Evendim.
Pero fue un día especial. El día por el maltrato a la mujer.

He de decirlo, aunque algunos se ofendan, pero cuando lo oí, pensé en San Mamporro Bendito, dignificado y elevado a la calidad de santidad. En mi descargo, alego el humor negro, ácido y castellano del que mi mente hace gala de tanto en cuando, y a la desafortunada elección del nombre. "Día por el Maltrato a la Mujer". Vamos, que no me extrañaría que lo promoviesen los del PSEE (Plataforma de Sicópatas Esquizoides Españoles) en colaboración con HoMiU (Homicidas y Misóginos Unidos).

Y es que las palabras tienen mucho valor mediático. Pero si se parase, los que hacen y usan dichas expresiones, a pensar un segundo en lo que significan, se llevarían las manos a la cabeza. Y no es que esté en contra del Día contra el maltrato a la mujer, que es lo que querían decir. Es un día especial, como ya dije... Y el Nobel de Literatura deberían dárselo al que inventó eso, los Días Especiales; en lo que va de més, ya llevamos siete, uno de los cuales duró 48 horas. A este paso, raro será el día que no sea especial.

Y es que este tipo de expresiones está tan extendido, que empiezo a pensar que muchos lo hacen a propósito. La historia comenzó cuando alguien se inventó una frase tan confusa, errónea, o incorrecta, con algún fin. Como no le entendían, otro inventó algo aún más confuso, a modo de rebancha. Y el plato estaba servido, hasta nuestros días.

Este tipo de expresiones podemos englobarlas en dos grupos. Las admitidas, y las que no. Las primeras son correctas desde el punto de vista lingüístico, aunque si las piensas ves que son ilógicas. Y no son producto de la ironía (gran recurso que consiste precisamente en eso, en decir lo contrario de lo que se quiere hacer entender). Un ejemplo es "no venga hasta que no le llamen", algo que habrán oído mil veces en su vida en salas de espera de diverso calibre. Más de una vez me he imaginado a alguno yendo constantemente hasta oir su nombre, y en ese momento dejar de acudir. Porque eso es lo que significa.

La RAE recomienda no usar estas expresiones, pero no las descalifica. Así que hoy no despotricaré contra éstas, sino contra las otras.

En algún momento en la historia de la humanidad, estaban dos trogloditas hablando, y uno de ellos hizo un "uga" de más. Cuando el otro le corrigió, nació la corrección lingüística, y una carrera contra la ambigüedad. No obstante, no se han hecho progresos grandes en el campo práctico: la gente sigue hablando mal, usando expresiones y giros incorrectos, empleando palabras cuyo significado no es ese, y ese largo etcétera que conforma la lista de errores lingüísticos.

Es así como expresiones como "honra", "honor" o "respeto" han caído en el agujero de las palabras sin sentido, y vemos la prensa rosa plagada de señoritas ligeras de cascos montándoselo con varones ligeros de bragueta (y viceversa), y luego demandando porque se ha "fallado contra el honor". Y lo de montar es literal, y en el sentido que quieran, porque hacen tanto montajes como montamientos...

También se han hundido expresiones antaño malsonantes o irrespetuosas, o expresiones de respeto. Tengan cuidado al tratar a nadie de Vd., porque no estarán tratándolo con respeto, sino que lo llamarán viejo. Ni pidan nada "por favor", pues hay personas que creerán que eres débil y pusilánime. Por supuesto, esta gente le tuteará de principio, y se tomará confianzas tales como tratarle de "cabrón", "macho" o "tío".

Pero esto son minucias comparadas con las que se producen en el terreno político. A fin de cuentas, es en este terreno donde se definen lo correcto e incorrecto para el uso social. Es un terreno que nos atañe por completo.
Y no son pocos. Un ejemplo que hemos oído últimamente es "talante". Pues bien, vemos que ésta palabra es "disposición de ánimo", "modo de ejecutar una cosa", "gusto o voluntad" y "estado y calidad de algo". Es decir, la expresión hay que tener talante es totalmente estúpida: el talante se tiene, sea cual sea la definición. Siempre hay disposición de ánimo, y se tiene calidad, aunque pueden ser buenas o malas; si se ha ejecutado una cosa, es que hay algún modo de hacerla; y quisiera suponer que nuestro presidente no supone que el pueblo no tiene voluntad, y le han votado como autómatas...

O "matrimonio". Tiene tres definiciones al caso: "1. Unión de hombre y mujer concertada mediante determinados ritos o formalidades legales", "2. En el catolicismo, sacramento por el cual el hombre y la mujer se ligan perpetuamente con arreglo a las prescripciones de la Iglesia", "3. Marido y mujer". Vemos por tanto que todo matrimonio es heterosexual, principalmente porque su raíz está originada en actos religiosos. De hecho, estrictamente no hay "matrimonios civiles". Yo abogo por el "contrato de ayuntamiento", otra palabra que ha caído en desgracia. De este modo, no habría discusiones acerca de si los homosexuales pueden tener un trato igual a los heterosexuales en cuestiones de pareja. El remedio no está en degradar una palabra religiosa al ámbito político, sino el crear una situación legal válida para ambos estados, con una palabra propia que lo aleje de la confusión. Que la Iglesia decida las doctrinas para sus fieles, y el Estado las leyes para su pueblo, y que uno no toque los temas del otro.

En fin, que seamos inteligentes. Que tenemos una lengua rica en recursos, capaz de cubrir cualquier situación sin necesidad de alterar o corromper palabras y expresiones. Que el sistema derivacional es lo suficientemente completo como para permitir eso y más.

Cuiden su lengua, es un patrimonio que no les pueden alienar. Y respecto al tema que inició este pequeño artículo... mi propuesta es hacer un día, el día del Día Especial, y que cada uno lo celebre como quiera. Y así, ese día podría seguir siendo especial.

J.